Objetivos o Sistema


Hacer dinero con una pequeña empresa es difícil. Bastante difícil. Ocho de cada diez nunca alcanzan sostenibilidad financiera. Y los pocos que lo consiguen son frecuentemente técnicos, buenos profesionales en su área pero sin suficiente formación como empresarios y, en el largo plazo, acaban por enfrentarse a grandes dificultades financieras, legales, tributarias o laborales.

Por eso no es recomendable abrir una pequeña empresa con solo el objetivo de ganar dinero. Muchos profesionales piensan que la clave del éxito está en fijarse objetivos. Sin embargo, Scott Adams, autor de Dilbert, creó un imperio multimillonario sin preocuparse jamás por los objetivos.

Así lo explica en su libro “Como fracasar en casi todo y aun así triunfar en la vida”:

"En el mundo de las dietas perder peso sería el objetivo, comer bien sería el sistema. Si sólo te fijas en que debes perder 10 kilos te levantarás cada mañana con sensación de fracaso porque es un objetivo difícil y cada pequeño progreso se consigue a costa de un considerable esfuerzo que se puede perder en un pestañeo".
 

Adams recomienda dedicar el esfuerzo a leer sobre nutrición, aprender a distinguir por qué unos alimentos son mejores que otros y auto-educarse para saber elegir la alimentación más saludable. Perder peso es el objetivo, comer bien es el sistema.

Lo mismo ocurre en una pyme, ganar dinero sería el objetivo y seguir un método para mejorar la productividad o para fortalecer la cultura de empresa sería el sistema. 

Se trata de construir un método de trabajo a medida que se trabaja, de no limitarse a trabajar para la empresa, sino también de ‘trabajarse’ la empresa.


Adoptar un sistema de trabajo compartido por todos los empleados proporciona 5 ventajas que resultan claves para la sostenibilidad:

  1. Depender menos de personas concretas, protegiéndose de la rotación de personal y reduciendo la curva de aprendizaje a los nuevos empleados. 
  2. Asegurar la continuidad de negocio, al hacerlo fácilmente reproducible en caso de cambios drásticos.
  3. Estandarizar procesos, no tener que resolver los mismos problemas todos los días, ni tener que reinventar la rueda constantemente.
  4. Facilitar la delegación de tareas.
  5. Producir con calidad constante.