Seguir luchando... o aceptar que has fracasado.

 
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Tres posibles orígenes del fracaso y cómo superar cada uno
 

 
 

Si no tienes una visión, entonces estás trabajando para conseguir el sueño de otra persona.

Cuando un objetivo que te has marcado se te está resistiendo –tu empresa no va bien, problemas con un cliente o un empleado, un nuevo empleo o un proyecto que no termina de despegar– antes o después te enfrentas a la decisión de si seguir luchando por ello o desistir y dejarlo pasar.

Sabes que determinadas metas requieren esforzarse el doble, una confianza inquebrantable, pero ¿cuando y cómo decidimos que la cosa no va funcionar y que es mejor probar algo nuevo?

Desistir significa aceptar que has fracasado, y esto nunca es fácil. Pero el dilema puede presentarse varias veces a lo largo de una vida y de una carrera profesional, así que es preferible tener claro cómo afrontarlo y cómo debes decidir.

Esta es pregunta clave ¿cómo saber si tengo que seguir intentándolo o si es mejor abandonar?

Una de las formas de contestar a esta pregunta es identificado el punto débil de tu planteamiento. Hacerlo te ayudará a aclarar las ideas y a decidir si puedes solventarlo o no.

 

Fallo en la visión: estás fallando en el “por qué”.

No sigues una dirección clara, quizá el camino que has tomado no te convence o no sabes por qué haces las cosas.

  1. Haz un balance global, define con claridad cuál es tu objetivo.

  2. Identifica tus líneas rojas, tus innegociables, y a continuación ponlos en duda, cuestiónalos, reformúlalos.

  3. Aprender a moverte entre las críticas, escúchalas, aprende de ellas y utilízalas para fortalecer tu planteamiento, no para destruirlo.

 

Fallo en la estrategia: estás fallando en el “qué”

La estrategia que no te aporta los resultados esperados, sabes cómo hacer el trabajo, pero el trabajo no es el correcto.

Algunas decisiones que puedes tomar para solucionarlo son:

  1. Haz lo necesario para obtener más feedback y analizarlo.

  2. Identifica los aspectos en los que estás poniendo más y menos esfuerzo, sus resultados obtenidos y qué podrías variar.

  3. Revisa rápida y periódicamente, para ajustar.

 

Fallo en la táctica: visión y estrategia son correctas, pero no su aplicación.

Nos olvidamos de medir y no cuidamos los detalles, no hacemos una ejecución con una base sólida, fallamos en el “cómo hacemos las cosas.”

Podrás poner una solución a esto realizando lo siguiente:

  1. Registra tu proceso, paso a paso, negro sobre blanco.

  2. Mide esfuerzo y resultados, solo datos, sin apreciaciones subjetivas

  3. Revisa y modifica las tácticas, rápida y periódicamente, para ajustar.